Introducción
El pulmón artificial es un conjunto de tecnologías destinadas a sustituir o apoyar la función respiratoria cuando los pulmones fallan. Su importancia radica en la capacidad de mantener el intercambio gaseoso —oxígeno y dióxido de carbono— en situaciones de insuficiencia respiratoria grave, reducción de daños por ventilación mecánica y como puente hacia trasplante pulmonar. La demanda y la visibilidad de estas tecnologías aumentaron durante la pandemia de COVID-19, lo que puso en foco la necesidad de soluciones más seguras, portátiles y accesibles.
Cuerpo principal
Qué es y cómo funciona
El término pulmón artificial engloba dispositivos extracorpóreos como la oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) y sistemas de eliminación extracorpórea de CO2. Estos aparatos extraen sangre del paciente, la hacen pasar por una membrana que aporta oxígeno y retira dióxido de carbono, y luego la reintegran. El objetivo es restablecer el intercambio gaseoso mientras se permite la recuperación pulmonar o se prepara al paciente para un trasplante.
Aplicaciones clínicas actuales
Las indicaciones más frecuentes incluyen síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA) severo, fallo respiratorio refractario a soporte convencional y situaciones en que se necesita un puente a trasplante pulmonar. Además, se usan en procedimientos quirúrgicos complejos y en algunas pacientes con exacerbaciones respiratorias graves. En los últimos años se desarrollaron versiones más compactas y sistemas de soporte ambulatorio que facilitan la movilidad del paciente.
Limitaciones y desafíos
A pesar de los avances, el uso de un pulmón artificial implica riesgos: trombosis, hemorragia por anticoagulación, infección y daño hemolítico. También existen limitaciones en cuanto al tiempo de soporte, la complejidad técnica y los costos. La investigación se orienta a mejorar la hemocompatibilidad, reducir el tamaño de los dispositivos y avanzar en soluciones implantables o bioartificiales basadas en ingeniería de tejidos.
Conclusión
El pulmón artificial es una herramienta crítica en el manejo de insuficiencia respiratoria severa y como puente hacia terapias definitivas. En el futuro próximo se espera mayor miniaturización, tecnologías portátiles y progresos en bioprótesis que permitan soporte prolongado con menos complicaciones. Para los pacientes y sistemas de salud, estos desarrollos prometen salvar vidas, pero requieren inversión, formación especializada y políticas que favorezcan el acceso equitativo.